Anibarsarios

viernes, septiembre 17, 2004 14:49
Publicado en la categoría purnas

Digo yo que entre tanta celebración y aniversarios, efemérides, podré yo dar cuenta de una que me alegra especialmente. Por supuesto que no hablo de ninguna que hayais podido ver en los telediarios. Quien más y quien menos tiene lugares especiales en su vida, sitios en los que ha vivido momentos intensos. Yo tengo muchos, quizás porque me gusta más de la cuenta echar la vista atrás, o quizás porque tengo una especial atracción por el flashback, por el deja vu, esa sensación que le invade a uno cuando cree haber vivido algo que le está pasando en ese preciso momento. Un error de Matrix, vamos. En mi memoria conservo lugares perdidos como el patio de la casa de mis abuelos, lugares que se te han llevado como un viejo monasterio de un pueblo del Semontano, montañas, valles, lagos, playas, caminos hacia el Oeste…En todos estos sitios conservo un olor, una sensación, una persona, varias, un sol, un viento, una lluvia, una calma. Un gesto o una sonrisa, una canción. Igual me estoy poniendo muy melancólico, será la luna. Puede ser, aunque todavía no he llegado a donde quiero llegar. Quiero ir a un bar. Un bar donde he amado y me han amado, y me han mandado a la mierda también. Un bar que es un reducto de la buena música de antes y de la de ahora, en la tierra del pumpumpum y las letras estúpidas. Un bar en el que cuando voy a veces me reciben con “Apuesta por el R’n’R” de los Mas Birras, y donde homenajeamos en silencio a Mauricio Aznar el día de su muerte oyendo sus canciones. Es unu bar donde he vivido la amistad delante y detrás y al lado de uno o varios (más bien muchos), botellines de Ambar. Un bar donde cada cual tiene suu rincón, desde la diana hasta la máquina de tabaco llena de pegatinas, y donde el baño está sembrado de serrín. Catorce años ya. Catorce años cumple el bar al que más veces he entrado en mi vida desde que tenía 15 o 16 años. Un bar en el que he reído cantado bailado lamentado sentido empujado pisado, porque hay que joderse como se sigue llenando los sábados y donde acabar una jornada de trabajo con una cerveza era un placer entre semana. 14 años cumple el Posturas en el rollo, acabando las noches con Ojalá de Silvio. En breve volveré a ir, como cada vez que voy a Zaragoza, a batir nuevamente el record de botellines de Ambar (cada vez más caros), y a seguir pensando que el tiempo pasa para todos. A cuatro meses de los 30.

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