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Premio Cenutrio de Oro. Purnas 2004.

miércoles, agosto 11, 2004 9:27
Publicado en la categoría purnas

m1f3_1201por.jpgUno de los graves problemas constatables del neoliberalismo y los neoliberales, es su profunda, grave y peligrosa incoherencia. Así, quienes defienden a ultranza el liberalismo económico son capaces a la vez de poner trabas al libre comercio y consumo de drogas, o impedir la libertad individual de quien decide casarse o arrejuntarse con una persona de su mismo sexo. Por no hablar del aborto o la eutanasia. Ni son partidarios de la libertad de fronteras, a menos que seas europeo, blanco, norteamericano, productor de petróleo o futbolista. Tampoco son partidarios de la libertad colectiva, es decir, de los derechos de autodeterminación de los pueblos, salvo el suyo. Ya sea Jiménez Losantos, en versión española, o Xavier Sala-i-Martín, en versión catalana, la única libertad colectiva que reconocen es la propia. Curiosa forma. Hoy, el señor Sala-i-Martín se despacha desde un artículo en la Vanguardia con otra nueva muestra de esa incoherencia tan del liberal de hoy en día. Dice, por un lado

Primera, por más que nos repitan la cantinela fiscal, la entrada masiva de ciudadanos pobres no va a solucionar el presupuesto de la Seguridad Social. Al contrario. Dado que el Estado de bienestar debe redistribuir (es decir, debe dar más a los ciudadanos pobres de lo que éstos aportan), la llegada de trabajadores de rentas bajas no hará más que empeorar la situación. Es cierto que ahora que son jóvenes tributan positivamente. Pero también lo es que, a la larga, van a acabar sacando del sistema mucho más de lo que aportan (…a no ser que, el día que se retiren, no reconozcamos su derecho a cobrar la jubilación, cosa que sería vergonzosa e inmoral). La inmigración, pues, no sólo no va a salvar el sistema de pensiones, sino que sólo va a posponer a su quiebra…, como si fuera un gran crédito bancario intergeneracional.

Por supuesto, el argumento es falaz. Osea, falso. Porque presupone que los inmigrantes sólo pueden ser de renta baja. Es incoherente, por supuesto, porque no reconoce la libertad en el sistema social, así que si eres marroquí o ecuatoriano, jamás llegarás a nada, y sólo serás una carga para el sistema. Estupendo. Por supuesto es falaz también, porque la segunda y tercera generación de los inmigrantes serán escolarizados en los “maravillosos” sistemas educativos autonómicos y podrán competir en igualdad con Bofarull i Rius, Etxekolaria, Pérez Martínez y Escartín Subías. Por supuesto también falla en otra dirección, aquella que garantiza la igualdad entre los ciudadanos, aquella que no discrimina el salario en función del sexo y la raza o la religión. Juandedioswashinton Perez, ecuatoriano, tiene el mismo derecho que Abdelkader AlSalawi, marroquí y que Herminia Hernández, canaria (y lesbiana), a cobrar el mismo salario por recoger tomates de los invernaderos de Mazarrón. Algo que Sala-i-Martín (catalán independentista afincado en New York) niega. Supongo que le habrá tocado rellenar encuestas en los USA donde haya tenido que poner “Hispanic” y no “White” (no, de momento Catalanic, no existe).

La segunda cosa que dice este señorito podría haber sido suscrita directamente por Adolf Hitler.
Segunda, el nacimiento del Estado de bienestar se sustentó sobre las bases del “sentido de pertenencia a una comunidad”, de las “obligaciones mutuas entre ciudadanos” y de las “responsabilidades colectivas”. Esos sentimientos de colectividad tienden a debilitarse cuando la población se diversifica étnica, religiosa y culturalmente.
Es decir, estados monoculturales para enanos mentales.
Y a este tipo le han dado el premio Juan Carlos I de pensamiento económico. Que lo sepáis. El fascismo disfrazado de neoliberalismo y premiado con tu dinero y el mío. Propongo otorgarle por suscripción popular el premio de creación ahora mismo, “Cenutrio de Oro. Purnas 2004”, consistente en un visado de no salida de Estados Unidos y un ejemplar manuscrito de “Mi Lucha” de ese gran liberal, Adolf Hitler.

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