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Michael More of the Same

lunes, agosto 2, 2004 9:26
Publicado en la categoría purnas

Michael Moore es un propagandista político que acaba de estrenar Fahrenheit 9/11. La nueva película del director de Bowling for Columbine intenta demostrar la relación de los Bush con la familia Bin Ladin, y los intereses económicos de empresas norteamericanas en Irak. Algo, que una persona medianamente contrainformada ya conoce. Efectivamente el publirreportaje está más dirigido a los estadounidenses, que en noviembre tienen que elegir entre el Bush republicano o el Bush demócrata. Moore lo tiene claro. Así que las mínimas alusiones a Clinton no son sobre su afición a bombardear países cuando se descubrían manchas de semen, sino a alabar su política antiterrorista. El documental muestra la realidad de la dureza de la guerra con unas cuantas imágenes sangrientas y el dolor de una madre que ha perdido a su hijo, y que no cuestiona el papel del ejército sino sólo que se han llevado a su hijo, y de un reservista que ha decidido no volver a Irak. Por cierto, que no explica sus motivos. No sabemos si es el miedo, el respeto a la legalidad internacional, o el amor a sus churumbeles. Porque si una cosa es Fahrenheit es sobre todo un anuncio electoral. Mejor dicho, un anuncio antielectoral, que no duda en emplear más de un recurso tramposo. Por ejemplo, no explicar los intereses económicos de Cheney en Irak. Los deja entrever, pero no los demuestra, algo que sí que hace con Afganistan y su gasoducto. De hecho, está mucha mejor resuelta la primera parte del reportaje, entre otras cosas, porque Moore muestra pruebas de lo que habla. En cambio, a partir de la invasión de Irak se diluye el componente documental y crece el publicitario. Las imágenes de Irak antes de la invasión son las de un país feliz, entre bodas y banquetes, por ejemplo. Y no las de un país dictatorial con un régimen férreo desde hacía más de 25 años. Algo que aunque no justifica la invasión, debería mostrarse también, para no dar la impresión de publireportaje que deja Fahrenheit. Tramposo es también el mostrar a los miembros de la administración Bush peinándose y bromeando antes de salir en la televisión en una comparecencia indeterminada para fundir a negro y hacernos escuchar los sonidos del 11 de septiembre. Tramposo es enseñar cuatro derruidas casas de Flint, la ciudad natal de Flint y justificar con ello que es la pobreza la que lleva a muchos jóvenes a alistarse en el ejército. Fahrenheit está lleno de pequeñas trampas que no dejan tranquilo. A pesar de que sí que muestra una realidad aterradora, la de la administración más poderosa del mundo dejándose guiar por intereses económicos privados. A pesar de mostrar la manipulación del terrorismo para recortar las libertades públicas. Algo que en el Estado Español también hemos padecido con la Ley antiterrorista, por ejemplo, y que en Estados Unidos permite espiar reuniones de pacifistas o investigar a cualquier persona que sea denunciada por alusiones a la política Bush. Pero al salir del cine, a pesar de ver muchas cosas que ya conocía, que ya sabía, que ya había leído, la sensación que me quedó es que me habían intentado convencer de algo con recursos no del todo legítimos. Aunque claro, también es verdad que ellos, los otros, los malos malísimos, también los emplean…”Creánme, les digo la verdad, en Irak hay armas de destrucción masiva”.
Hoy mismo, y ante las encuestas que empiezan a flaquear para Bush, el gobierno norteamericano ha vuelto a elevar la alerta antiterrorista. Y es que como se decía por aquí, “sólo Bush/elPP garantizan la unidad nacional y la seguridad ante el terrorismo”.

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