El Consejo de Aragón. Colección textos históricos 1

lunes, mayo 10, 2004 10:09
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escudoaragon.jpgLos anarquistas de Aragón intentaron así lo que sus compañeros catalanes siempre habían eludido: la toma total del poder. Lo intentaron a pesar de las devastaciones de la guerra, de la presencia de contingentes armados del POUM, del PSUC y de los nacionalistas catalanes, a pesar de las repercusiones que podía tener en el extranjero, del gobierno central de Madrid, e incluso contra la voluntad de la propia CNT, a cuyo comité nacional no se consultó ni informó. Éste se encontró ante el hecho consumado.

No es de extrañar que el consejo de Aragón se haya convertido en el blanco de la desaprobación general: republicanos, socialistas y comunistas lo calificaron de instrumento de una encubierta dictadura anarquista y lo acusaron de tendencias separatistas. También la CNT se unió al coro de los atacantes.

Más tarde, en diciembre de 1936, el consejo fue reconocido después de largas discusiones con los gobiernos de Barcelona y Madrid, pero tuvo que aceptar a representantes de otros partidos, republicanos y nacionalistas aragoneses, restringir sus plenos poderes y someterse a la autoridad del Estado centralizado, aunque mantuvo una autonomía mayor que la actual. El Consejo de Aragón se convirtió de facto, en el único “estado” anarquista de la historia.

Proclamación del Consejo Regional de Defensa de Aragón

Cada vez escuchamos con más frecuencia las protestas que se levantan en los pueblos contra las diversas columnas y unidades. El consejo de Aragón condena los actos irresponsables de ciertos grupos. Se propone evitar que los campesinos aragoneses comiencen a odiar a sus hermanos antifascistas a quienes siempre han ayudado con todas sus fuerzas. No podemos tolerar que se sigan pisoteando los derechos de nuestro pueblo.

Algunos dirigentes de columnas de una cierta fracción política se comportan en nuestra región como representantes de una potencia ocupante en territorio enemigo. Tratan de imponer a nuestro pueblo normas políticas y sociales que le son extrañas.

Se destituyen comités elegidos por el pueblo; se desarma a hombres que arriesgan su vida por la revolución; se les amenaza con castigos corporales, con la cárcel y el fusilamiento; se constituyen nuevos comités inspirados en el credo político de quienes los respaldan. Sin reflexión y sin control, sin considerar las necesidades de los habitantes, se incautan víveres, ganado y objetos de toda clase. Tenemos que sembrar y no tenemos grano, abonos ni maquinarias. De este modo son arruinados sistemáticamente nuestros pueblos.

En consecuencia, exigimos a los comandantes de las columnas:

1. Que soliciten directamente al consejo de defensa los artículos, el ganado y otros enseres imprescindibles, que serán suministrados de acuerdo a las posibilidades. Que prohíban enérgicamente todas las requisiciones por cuenta propia, a menos que la situación militar no admita demoras.
2. Que impidan la intromisión de las columnas antifascistas en la peculiar vida político-social de un pueblo que es libre por esencia y que tiene un carácter propio.

Recomendamos a los habitantes de los pueblos y a sus comités:

1. Que no entreguen a nadie las armas que posean, sin la expresa autorización del consejo; que no permitan en ningún caso la destitución de los comités existentes, hasta tanto el consejo haya decidido su renovación.
2. Que no acepten ninguna clase de requisas que no estén refrendadas por el consejo de Aragón, con excepción de casos especialmente urgentes, de los cuales el comandante de la columna se hará responsable.
3. toda contravención de estas disposiciones se comunique de inmediato al consejo, haciendo constar los nombres de los responsables.

Esperamos que todos, sin excepción, cumplan estas instrucciones y demandas. Sólo así se impedirá que acontezca la triste paradoja de que un pueblo libre comience a detestar su libertad y a sus libertadores, y se produzca el hecho no menos triste de que un pueblo sea completamente arruinado por la revolución que él mismo en todo tiempo añoró.

Por el Consejo de Defensa Regional de Aragón.

El presidente, Joaquín Ascaso.

Fraga, octubre de 1936.

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