Periodistas y payasos

jueves, abril 8, 2004 13:54
Publicado en la categoría purnas

De Ignacio Ramonet en “La Voz de Galicia” y Rebelión

EN MÉXICO, el telediario matinal de mayor audiencia es El Mañanero, del canal Televisa, cuyo presentador, Víctor Trujillo Brozo , tiene la insólita particularidad de ser un payaso. Un auténtico personaje de circo gesticulante y gritón. Con todos los atributos del clown: falsa nariz roja, espectacular peluca verde, bocaza de maquillaje carmesí, labios pintados de blanco…

Cuando me lo dijeron -«es el de mayor audiencia»- estuve tentado de considerar semejante disparate como un rasgo del barroquismo mexicano o una consecuencia del desastre general del subdesarrollo. Pero el Brozo acababa de protagonizar el mayor golpe mediatico del decenio: difundió un vídeo clandestino que provocó un sismo político en México. Se veía, en directo, el espectáculo de la corrupción. Un empresario, Carlos Ahumada, le entregaba fajos de miles de dólares a un tal René Bejarano, diputado del PRD y asesor de Andrés Manuel López Obrador, alcalde de la capital y candidato a la presidencia¿ Detalle suculento, el Brozo , antes de pasar el vídeo (y sin revelar que lo iba a difundir), invitó al tal Bejarano a venir en vivo al plató con el pretexto de entrevistarlo. En medio de la conversación le dijo: «Oiga, tengo un documento que le quiero mostrar para que me dé su opinión¿». Y le soltó, sin anestesia, la escena de su flagrante corrupción¿ Millones de ciudadanos pudieron ver en tiempo real cómo el rostro de Bejarano se descomponía, como se le caía la máscara de su falsa honestidad.

En México existe una fuerte tradición del héroe justiciero -como el Zorro – enmascarado. La fascinación por la máscara hunde sus raíces en la profundidad de la historia de los rituales aztecas. Ese imaginario que teatraliza la lucha entre el bien y el mal se ha trasladado al ámbito de la cultura de masas. Por ejemplo, en ninguna parte los púgiles de lucha libre -casi todos enmascarados- han sido tan populares como aquí. El más célebre, El Santo , venerado por las masas, no se quitó nunca la máscara y jamás reveló su identidad.

Eso inspiró la aparición, hacia 1987, de un insólito personaje: Súper Barrio . Ataviado como un luchador con su máscara rosa, su capa dorada y las iniciales «SB» grabadas a lo Supermán en el pecho, Súper Barrio se convirtió en el defensor de los humildes, luchaba por los derechos de «los de abajo». Apoyó al Subcomandante Marcos. El cual, con su pasamontañas-antifaz y el enigma de su identidad, se inscribe también en la tradición local del «disfrazado que restablece entuertos».

Esa figura tan mexicana llega ahora, con Brozo , al territorio mediático. Era lógico. Como en otros países, muchos ciudadanos están convencidos de que la televisión no dice la verdad y que demasiados periodistas son tan corruptos como los políticos o los jueces.

Disfrazándose de clown, el Brozo lanza un guiño cómplice a los televidentes: su palabra es libre como antaño lo fue, en las cortes medievales, la del «loco» cuyo estatuto de «irresponsable» o de «inocente» le otorgaba la facultad de poder decir sin riesgo de sanción, la verdad. El Brozo demuestra también (Cantinflas ya lo había hecho) que cuando se mezcla con los políticos, el más payaso de todos no es el que lleva el disfraz. Y que, cuando se multiplican las amenazas contra los periodistas, ponerse una máscara -aunque sea la de un payaso- es a veces el modo más eficaz de desenmascarar a los hombres del poder.

Publicitar las intenciones de los terroristas es un acto (ingenuo) de terrorismo. Arcadi Espada dixit.

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Una respuesta to “Periodistas y payasos”

  1. Domingo de resurrección (y de resaca del gol de Diego Mlito). La fabada que fabla | Purnas en o zierzo says:

    marzo 17th, 2011 at 1:22

    […] Hace tres años: Periodistas y payasos […]

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