La vida, la vida…

jueves, febrero 5, 2004 12:17
Publicado en la categoría purnas

Paseo por las Ramblas, bien acompañado. De repente, sirenas, gritos, carreras, olor a humo. La compañía se va a coger champiñones, y yo mientras me dirijo al lugar del “incendio”. Olfato de mal periodista, no había incendio. Al parecer han robado en una tienda. En un momento, decenas de curiosos, y decenas de policías. No, no es que la Policía llegue enseguida siempre, es que a menos de 500 metros a la redonda hay dos comisarias, una de la urbana y otra de la nacional. Me asomo, cotilleo, tentado estoy de sacar la cámara. Lástima, no lo hice. Todo ha quedado en una falsa alarma, según los indicios aportados (que dicen ellos). Cinco policías entran atropelladamente a la zapatería en cuestión, “Que no, que no, que nosaltres no hem trucat per res!!”. Dice la dependienta. Pero uno de los coches patrulla ha aparcado lejos, y como los siete caballos (de Bonanza o del apocalipsis, según se quiera), siete policías vienen corriendo desde la plaza. ¡Alarma! Uno de ellos ha desenfundado la pistola. Murmullos, agitación, los curiosos se echan para atrás. El policía viene corriendo, y como a cámara lenta, la pistola, innecesaria, se le escapa de la supongo que sudorosa mano. Y cae al suelo. Hay un segundo de pánico. “ESO SE DISPARA!!”. El policía, se agacha, recoge el arma del suelo, y con grandes risotadas dice, “Joder, la que se podía haber liao”, ante el jolgorio de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Incrédulo, meneo la cabeza, así, como diciendo que no. Y observo como el poli se mete la pistola a la funda. Es entonces cuando viene el escalofrío máximo. Allí, en la culata, una bandera franquista. Sí, la del águila imperial. Mal panorama si estos son los que nos protegen. Además de fascista, torpe. La vida real, señores y señoras.
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A todo esto, el presidente de España que no explica en el Congreso ni CNIses, ni Irakes, ni prestiges, ése. El del bigote que no está liado con Cayetana, da explicaciones en el Congreso de los Estados Unidos. Vivir para ver. Claro, que allí le aplauden más.

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